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Fisioterapia y deportes de verano

El “fisioconsejo” de julio promueve el trabajo con un fisioterapeuta antes de practicar deportes, como ayuda para obtener el máximo beneficio de cada actividad y prevenir las lesiones. 

Con el verano, la tónica general es que la mayoría de los españoles, el 57,9%, tres de cada cinco, mantenga sus rutinas deportivas. Eso sí, el mayor número de horas de luz y el tiempo libre de vacaciones hace que éstas se integren más en la vida cotidiana, de manera que aumentan las horas de práctica, en especial en deportes al aire libre como la natación o el senderismo. Esto concluye un reciente estudio sobre hábitos y motivación realizado por una conocida marca deportiva.

Y la consecuencia inmediata de ello es el aumento de lesiones, la mayor parte de ellas achacables a la falta de preparación y la sobrecarga. Por ello, el Colegio Oficial de Fisioterapeutas de La Rioja ha dedicado su “fisioconsejo” de julio a fomentar la conexión entre los deportistas y sus fisioterapeutas, recalcando el valor que tiene el trabajo conjunto, no solo para tratar sino para prevenir lesiones.

Natación y senderismo

Son dos de los deportes estrella del verano y aportan numerosos beneficios para la salud: mejoran la postura, fortalecen la musculatura, reducen el estrés y favorecen un sueño más reparador. Si se combinan con un plan de Fisioterapia, estas ventajas se multiplican. El fisioterapeuta ofrece pautas adecuadas para moverse mejor, activar la musculatura adecuada, corregir gestos que pueden causar dolor y ganar estabilidad y equilibrio. 

La primera recomendación general, y válida para la práctica que cualquier actividad, es el calentamiento, que ayuda a preparar el cuerpo para el esfuerzo que tendrá que afrontar durante el ejercicio y resulta el mejor aliado para evitar lesiones. Aumenta la frecuencia cardiaca y el flujo de sangre a los músculos, que se activan, igual que las articulaciones, y se eleva la temperatura corporal. La duración del calentamiento debe ser proporcional a la intensidad de la actividad que se vaya a realizar. También es importante trabajar la fuerza y la resistencia para soportar mejor el esfuerzo.

En el caso concreto de la natación, su práctica supone una acción muscular muy global, trabaja la fuerza y reduce el riesgo cardiovascular y de sobrepeso. Conviene empezar con sesiones, por ejemplo, de unos 20 minutos como máximo e ir aumentando el tiempo día a día, en función de la forma física de cada persona.

Antes de nadar, la activación muscular incluirá rotaciones de hombros, balanceo de brazos y de piernas, rotaciones de cuello y, ya en el agua, empezar nadando a baja intensidad. Así se evitan, por ejemplo, los molestos calambres en los gemelos.

Por lo que respecta al senderismo, es otra actividad que puede ser exigente, en función del recorrido, y que se puede practicar a cualquier edad. Los fisioterapeutas recuerdan que hay que fortalecer no solo la musculatura de las piernas sino también la del tronco y brazos.

Antes de comenzar y también al terminar cada jornada, se deben realizar ejercicios de movilización articular y tonificación de los músculos de las piernas (tobillos y rodillas, sobre todo), espalda, cuello, brazos y hombros -los más afectados si las personas que vayan a practicar senderismo llevan una mochila pesada-, para evitar lesiones derivadas del sobresfuerzo. Entre las más frecuentes están la tendinitis, el ‘tirón’ muscular y los esguinces de tobillo, derivados de un mal apoyo del pie en el suelo, sobre todo en terrenos irregulares o en pendiente.

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