Colegio Oficial de Fisioterapeutas de La Rioja

Hidroterapia

El valor de la terapia acuática, desde la perspectiva fisiológica y psicológica, no ha sido aún  explorado científicamente en su totalidad. Las escasas investigaciones realizadas hasta el momento acerca de los beneficios físicos producidos por la terapia acuática apoyan las observaciones empíricas de los profesionales que utilizan esta modalidad terapéutica. Los factores físicos de flotabilidad, densidad del agua, presión hidrostática y temperatura del agua favorecen la relajación y la tolerancia al ejercicio. Gracias a estos efectos, el tratamiento precoz en la piscina es un tratamiento estimable. Las propiedades del agua como soporte, ayuda y resistencia al movimiento posibilitan que los pacientes puedan comenzar tempranamente (pocas horas o días después de producida la lesión o la cirugía) a practicar ejercicios de movimiento articular y de desarrollo de la fuerza y resistencia muscular al esfuerzo. 

Estas mismas propiedades, que permiten una movilización temprana, hacen posible que muchas personas participen en programas de desarrollo de resistencia, tales como andar o correr en agua profunda o poco profunda. Los beneficios fisiológicos de estas modalidades de ejercicio han sido comprobados por varios investigadores. Al poder mantener el estado físico durante el proceso de rehabilitación, el paciente puede volver antes a la práctica de su deporte o trabajo. 

Los beneficios psicológicos de una rehabilitación temprana y el mantenimiento del grado de entrenamiento pueden ser de inestimable ayuda para que el atleta supere la sensación de pérdida producida por la lesión. En este periodo, la inobservancia del tratamiento y el no dedicarle a éste la totalidad del esfuerzo son factores que pueden e interferir con el proceso de rehabilitación. La terapia basada en el ejercicio acuático será útil para obtener de los pacientes su máxima colaboración. 

La observancia, por parte de las personas que hay que tratar, de la terapia acuática se incrementará como consecuencia de varios factores:

1.      la posibilidad de realizar, ya en etapas tempranas de la rehabilitación, ejercicios en la piscina sin la necesidad de ayuda de nadie.

2.     la facilidad para realizar movimientos y que éstos resulten menos dolorosos.

3.     la posibilidad de progresar, recorriendo sucesivamente y con rapidez las diversas etapas de la terapia acuática.

4.     la práctica de estos ejercicios en un ambiente de grupo, apto para apartar al paciente del estrés propio del proceso de recuperación.

Éstos factores contribuyen a incrementar en el paciente su grado de relajación, su autoestima y la confianza en si mismo, a la vez que favorecen una deseable relación social. Paralelamente, la sensación de haber alcanzado algo y de estar moviéndose activamente hacia un objetivo (la recuperación) estimula en el paciente el interés por continuar en el programa propuesto. 

El agua tiene tres propiedades físicas que cabe destacar: densidad, viscosidad y presión hidrostática. La densidad y la viscosidad son las principales responsables de la resistencia al movimiento que ofrece el agua. La presión hidrostática es la presión que ejerce el agua sobre un cuerpo que está en su seno. Cuando un cuerpo se sumerge en el agua, esta presión favorece el retorno de la sangre venosa al corazón, lo cual tiende a reducir la frecuencia cardiaca cuando se realizan ejercicios en la piscina. 

Un cuerpo sumergido está sujeto a la influencia de dos fuerzas: la flotabilidad y la gravedad. La medida en que estas fuerzas afecten el movimiento en el agua guarda relación con la posición del cuerpo sumergido en ella, el tipo de cuerpo, su composición y la profundidad del agua. A medida que aumente la profundidad del agua, disminuye el efecto de la fuerza de la gravedad. En agua poco profunda, el efecto de esta fuerza sobre las articulaciones puede ser eliminado si se coloca al sujeto de tal modo que pueda ejercitarse en posición prona o supina. En agua más profunda, la fuerza de la gravedad puede ser neutralizada si el cuerpo está en posición vertical u horizontal con el empleo de flotadores. 

La flotabilidad se puede usar para modificar la intensidad del movimiento en el agua, mediante el apoyo, ayuda, o resistencia a dicho movimiento. La resistencia al movimiento en el agua es directamente proporcional a la velocidad. A mayor velocidad, mayor resistencia al movimiento. La resistencia también aumenta alargando el brazo de palanca, aumentando la superficie del área expuesta al moverse, o la forma y superficie de la parte distal. 

El dolor en la parte baja de la espalda es uno de los problemas de salud más frecuentes en nuestra sociedad. Es la causa principal y más costosa de absentismo laboral. Se estima que su prevalencia a lo largo de la vida oscila entre un 65 y un 80%. Los problemas en los discos intervertebrales, en las carillas articulares y en la articulación sacroilíaca, son considerados como las causas más comunes de dolores de la parte baja de la espalda producidos por la actividad física. Otras fuentes de dolores lumbares son las espondilolísis, las espondilolistesis y las osteoartritis.  

Los dolores de la parte baja de la espalda son debidos a la aplicación de una fuerza (o esfuerzo) sobre los componentes de esta región, que excede la capacidad física de los tejidos para soportarla. Tanto los componentes normales como los anormales pueden provocar dolores lumbares relacionados con la actividad física. Por lo general, en las lesiones relacionadas con la actividad física se trata de establecer cuáles son los esfuerzos mecánicos que causan, o que alivian, los síntomas; a partir de este punto, el tratamiento estará basado en valorar la respuesta al dolor. En líneas generales, el tratamiento de los dolores de espalda vinculados a la actividad física mediante ejercicios acuáticos se deberá conducir observando atentamente la localización, la intensidad y la duración de los síntomas, dado que a menudo se carece de un diagnóstico preciso de la lesión. 

La mayoría de los pacientes que sufren de dolores de espalda se pueden clasificar dentro de tres grupos: lesión aguda, lesión recidivante, y síndrome de dolor crónico. 

Los pacientes que sufren un daño agudo el tratamiento es muy eficaz para aliviar el dolor. Sin embargo, las lesiones recidivantes, ya no se resuelven por sí mismas, sino que requieren que la persona busque atención médica, y en las personas que padecen de dolor de espalda crónico, verdadero, se vuelven auténticos “minusválidos”, tanto desde el punto de vista físico como del punto de vista emocional e  intelectual. A estos pacientes que padecen dolores de larga data no se les puede tratar específicamente, ya que ya no existe una relación directa entre la aplicación de fuerzas en un examen físico y la intensidad del dolor consiguiente. 

En los individuaos que padecen este síndrome de dolor crónico, existe un grado mucho mayor de disfunción secundaria. El dolor y la incapacidad funcional se relacionan progresivamente más con el estrés emocional, la depresión, el fracaso de los tratamientos y la adopción del papel de enfermo. El dolor crónico se transforma progresivamente en una situación autoalimentada, que resiste toda forma de tratamiento médico tradicional. La terapia acuática puede modificar positivamente la condición psicosocial del enfermo afectado por un dolor crónico, haciendo que se aleje de la minusvalía y que avance hacia el bienestar. 

Los dolores en los segmentos torácico y cervical de la columna vertebral se producen frecuentemente a consecuencia de someter algunas estructuras sensibles al dolor a un prolongado estrés ( mala postura). La terapia acuática, en estos casos, trata principalmente de corregir los malos hábitos posturales, favorecer la relajación muscular y mantener o aumentar el nivel de resistencia física de las extremidades superiores y el tronco. 

Los dolores de la columna cervical suelen aparecer a consecuencia de un estiramiento muscular o torcedura, de una fractura, un golpe en la cabeza o en el hombro, o una carga axial sobre la columna.  

Muchas de las técnicas empleadas en el medio terrestre para tratar los dolores cervicales se adaptan para su aplicación en el medio acuático. Varios movimientos específicos del cuello pueden realizarse en la piscina en posición supina, con el clínico sosteniendo la cabeza del paciente. 

Corregir la postura es un componente esencial del tratamiento de las lesiones cervicales. La postura puede mejorarse mediante ejercicios o con los hombros y los omóplatos y con movimientos de bogar y natatorios. 

La terapia acuática desempeña un papel integral en el tratamiento de las lesiones de la columna lumbar producidas por la actividad física. Durante la inmersión, la reducción de las fuerzas gravitacionales que tienden a comprimir la columna vertebral aumenta la movilidad, en muchos pacientes que tienen lesiones o sufren de dolor en la columna lumbar. 

El tratamiento acuático, en el caso del paciente con una lesión aguda, estará orientado a reducir el dolor y el espasmo muscular con sesiones de piscina, remolinos de agua caliente, tracciones en agua profunda, estiramientos y ejercicios de nivel de movimiento. El efecto de este tratamiento será centralizar el dolor y finalmente abolirlo. Al decir “centralizar el dolor” se entiende por centralización el fenómeno por el cual la repetición de ciertos movimientos o la adopción de determinadas posiciones, hace que los síntomas que irradian desde la columna y que se perciben como referidos distalmente se desplacen proximalmente, hacia la línea media de la columna vertebral. Cuando los movimientos capaces de causar este fenómeno son identificados, deben repetirse con el objeto de abolir estos síntomas referidos o irradiados. 

Los pacientes que tienen lesiones recidivantes de la espalda suelen evolucionar bien con un tratamiento similar al empleado en los pacientes agudos, aunque se debe insistir más con los ejercicios de resistencia progresiva a los movimientos, los de estabilización y los de desarrollo de la resistencia física. Si se amplían gradualmente los límites de actividad (en su frecuencia, duración, carga, tipo de actividad y posición) es posible reducir el riesgo de futuras recidivas. 

El tratamiento de los pacientes que padecen un síndrome de dolor crónico debe concentrarse en mejorar la función y  aumentar la actividad física. Estos cambios no sólo son eficaces para contribuir a alejar la atención hacia el dolor, sino que además contribuyen a su bienestar, al aumentar su autoestima. 

El plan de tratamiento con terapia acuática para los pacientes con síndrome de dolor crónico, que insiste en los ejercicios con resistencia progresiva al movimiento, en los ejercicios de estabilización y en las actividades que aumentan la resistencia física al ejercicio. El fortalecimiento de los músculos abdominales contribuye a la estabilidad de la pelvis, durante los movimientos. Las líneas generales, dictadas por el sentido común, que hay que seguir con estos pacientes son: no haga demasiado, evite el dolor al practicar un ejercicio, trabaje dentro de la “zona de carga ideal”  y no acepte el dolor. 

La zona de carga ideal es aquella en la cual el tejido no está sometido a un esfuerzo exagerado ni insuficiente, sino a un esfuerzo que mejora la fisiología del tejido sin dañarlo. Esta zona se determina en función de la edad y la historia clínica del paciente, y de la lesión existente.  

“Una nutrición pobre, malos hábitos de descanso, fumar, un mal estado físico y una mala mecánica corporal, son factores que pueden contribuir a la recidiva de los dolores de espalda, o a la instalación de un síndrome doloroso crónico.”

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